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Artexto el Agosto 31st, 2009 a las 05:54 pm.
Tesoros del Louvre. Esculturas de Houdon
Museo de Arte Decorativo- Buenos Aires4 de agosto al 27 de septiembre de 2009

La extraordinaria muestra que presenta el Museo de Arte Decorativo del escultor francés Jean-Antoine Houdon (1741-1828), considerado uno de los más importantes del SXVIII, que no solo produjo obras para toda Europa sino que también viajó a América, realizando los retratos de los próceres norteamericanos. La muestra está organizada en cuatro módulos: La familia, Celebridades del siglo de las Luces, La corte y la ciudad, La Academia real. Las diecinueve obras expuestas son una muestra de la calidad del trabajo que Houdon desarrollaba en obras de terracota, yeso, bronce y mármol, los retratos de celebridades, de su familia, artistas y mitología expresan el pensamiento del Siglo de las Luces y el neoclasicismo del cual Houdon era uno de sus representantes. Los personajes retratados son los pensadores y quienes llevaron adelante la Revolución francesa. Bustos, trabajados con todos los materiales, muestran el proceso de trabajo de Houdon hasta llegar al la obra definitiva. El bajo relieve de Apolo sacudido por el viento, es un tondo de mármol en el que la sutileza del tallado deja ver la cabeza de Apolo con sus cabellos al viento, en el que uno tiene que resistir la tentación de tocar el mármol para sentir la superficie labrada con tal maestría. S.O.
LISTADO DE OBRAS
1. Morfeo Mármol. Expuesto en el Salón del Louvre en 1777 2. Sophie Arnould (1740-1802) Mármol. Expuesto en el Salón del Louvre en 1775 3. Charles-Pierre Le Noir (1732-1807) Mármol. Expuesto en el Salón del Louvre en 1785 4. Denis Diderot (1713-1784) Terracota. Expuesta en el Salón del Louvre en 17715. Voltaire (1694-1778) Bronce. 1778. 6. Voltaire sentado Yeso. 17787. Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) Terracota. 17798. Buffon (1707-1788) Mármol. Expuesto en el Salón del Louvre en 1783 9. Condorcet (1743-1794) Terracota. Hacia 1785 10. Benjamin Franklin (1706-1790) Terracota. 1778 11. George Washington (1732-1799) Terracota. Hacia 1801 12. Mirabeau (1749-1791) Terracota. 1791 13. Monumento funerario del príncipe Alexandre Mijailovich Golitsin (1723-1807) Terracota. Expuesta en el Salón del Louvre en 1777 14. Apolo sacudido por el viento Mármol. 1782 15. Louise Brongniart (1772-1845) Terracota. Expuesta en el Salón del Louvre en 1777 16. Alexandre Brongniart (1770-1847) Terracota. Expuesta en el Salón del Louvre en 1777 17. Madame Houdon (1765-1823) Yeso. Expuesto en el Salón del Louvre en 1787 18. Sabine Houdon (1787-1836) a los diez meses Yeso. 1788 19. Sabine Houdon (1787-1836) a los cuatro años Yeso. 1791Curador
Guilhem Scherf, Conservador en jefe del Departamento de Escultura, Museo del Louvre
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Artexto el Agosto 31st, 2009 a las 05:24 pm.
“Guía caprichosa de la Argentina”
Lucas Rocino
en
Galería VYP, Arroyo 959
Ciudad de Buenos Aires

A partir del viernes 28 de Agosto se puede ver la muestra del pintor argentino Lucas Rocino (1971- ). La inauguración coincidió con la noche de las Gallery Night, en la que un basto circuito de galerías ubicadas entre las calles Arroyo y Santa Fe y Pellegrini y Esmeralda, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, abren sus puertas públicamente hasta las 21: 30 hs. de la noche. El viaje pictórico, tal como si fuera una caprichosa guía turistica, nos traslada por áreas del Noroeste de nuestro país; desde Purnamarca en Jujuy hasta Iruya en Salta, pasando por Tafí en la provincia de Tucumán, hasta llegar a nuestra conocida Buenos Aires, con sus ríos, puentes y puerto de La Boca. La muestra nos invita a cristalizar diferentes vistas de algunos de los paisajes más maravillosos del país las cuales, almacenadas en el imaginario de cada uno de nosotros que alguna vez los haya visitado, pueden fusionarse con las recreadas por el pintor. No se trata, pues, de simples miradas panorámicas al horizonte sino de testimonios de la cultura autóctona, tal como si fuera un minuciosa, meticulosa y detallista labor documental. Si no se trata de fotografías, en su lugar encontramos la experiencia que, con infinita y apasionante paciencia, captura en cada pincelada las mil y una tonalidades de verdes, marrones, ocres, amarillos, rojizos y azules que la arquitectura regional y la naturaleza nos ofrece. Envueltas en importantes marcos dorados y contraponiéndose a un fondo negro perfecto de la galería; cada obra resalta su calidez, su equilibrio en las proporciones, su espiritu armonioso encausado en composiciones simétricas, sus detalles cuidados. A diferencia de exposiciones anteriores, Rocino decide abandonar la técnica mixta por el completo empleo del óleo sobre tabla acompañado de un único lienzo en un total de poco más de treinta trabajos; ya sea utilizado con mucha carga matérica en la búsqueda de texturas para las tierras sembradas o casi imperceptiblemente en el proceso de develación del artificio, ocultando la pincelada al mejor estilo renacentista. Se mantiene una unidad claramente estilística evidenciada, a primera vista, por la forma del soporte eminentemente apaisado el cual cubre superficies inmensas o tan sólo pequeñas dando lugar a obras miniaturistas que no alcanzan más que los siete centímetros de altura; formato semejante, tal como alguna vez escribió el crítico de arte Dieguez Videla, al de los pintores viajeros argentinos del s. XIX. Pero también, la obra de Rocino juega con rasgos muy particulares: la alternancia de espacios dentro de un mismo cuadro imposibles de captar con una sola mirada, de superficies de tierra firme, praderas, sierras y montañas a superficies de inestabilidad, lagos y ríos que bordean y fracturan los valles; edificios insertos en el paisaje natural indicando el entrecruzamiento de dicha esfera natural originaria con el campo cultural-artificial de transformación de la materia. Los cielos, lejos de la repetición, pueden englobarse, sin embargo, en aquellos cielos limpios, esplendorosos y brillantes que iluminan el resto del cuadro en la gama de los azules claros y; aquellos repletos de nubarrones dentro de los matices violáceos, avisando una próxima tormenta que nunca llegará en esta visita. No olvidemos un punto final…cada vista es única e irrepetible, tan variadas como cantidad de ojos que las observan y apropian para sí mismos. Jesica A. Guarrina