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El Bizco en Teatro La Taperola

Publicado por Artexto el Agosto 17th, 2010 a las 10:48 am.
Sección: Teatro

El Bizco

         De Marta Degracia.

 

Grupo de teatro La Taperola.

Dirección: Hugo Mouján.

Asist. De dirección: Lucía Leigbourin.

Teatro del Artefacto, Sarandí 760, CABA.

Viernes de Agosto y Septiembre, 20:30 hs.

 

En una casita acogedora de alguno de los pintorescos barrios de nuestra Buenos Aires, se evocan los gloriosos tiempos de la década del 60s y 70s. Épocas de intercambio humano no virtual, de fotografías en blanco y negro y charlas eternizantes de mates. Tal es así que a lo largo de cinco bloques de esta emotiva obra de costumbres con la que más de uno se sentirá identificado, Ana (Cristina Miravet), su marido Alberto (Carlos Stasi) y un viejo amigo de la colimba y homosexual de éste último, Esteban (Marcelo Sanchez); se ven subsumidos en su tarea de hurgar dentro del baúl de los recuerdos. La noticia del periódico acerca de la muerte repentina de otro de los compañeros del servicio militar obligatorio, el llamado “el Bizco”, se convierte en disparadora de este desfile de imágenes pasadas. En un esforzoso intento por recordarlo, nuestros tres personajes recorren los archivos de sus mentes en busca de momentos llenos de esplendor.  El conocido “¿te acordás de…?” se transforma en frase estereotipada protagonista de sus diálogos disparatados, cobra importancia fundante en búsquedas desesperadas por un pasado ya no existente, se convierte moneda corriente visible de relatos cargados de una profunda visión romántica y melancólica de la vida.

De lo que nuestros tres personajes no se dan cuenta es de dos cuestiones entremezcladas capitales, de las que subsumidamente versea la obra: por un lado, la vivencia en un pasado idealizado, la mirada nostálgica hacia un atrás ilusoriamente mejor que el presente; por el otro lado, la distorsión de la realidad. De este modo, cobra participación el personaje de Laura (Paula Lucas) que, sin darse a conocer las causas, Esteban lleva consigo a la casa del matrimonio amigo. Apartada de la escena central, retraída, ignorada y sentada a un costado; esta  joven veinteañera será la pieza de engranaje entre ese pasado evocado y la triste y cruda realidad, entre un ya fue que intenta instalarse descaradamente en lo actual y la imposibilidad de concretarse ese deseo. ¿Por qué la frenética costumbre de etiquetar al pasado como ‘mejor’?, debiéramos preguntarnos. Como materialización de la conciencia negada de Ana, Alberto y Esteban, como personificación de la verdadera realidad; Laura nos muestra nuestra incapacidad, común a todo individuo de la sociedad moderna, de disfrutar nuestra contemporaneidad; hace emerger a la superficie nuestra resistencia por expresarnos autónomamente en la vida y llenarla de auténtico sentido; pone al descubierto la profunda estructura inconsciente de sentimiento de soledad que nos gobierna.

Con buenas actuaciones, con una puesta sencilla y con claros manejos de luces que nos trasladan del tiempo transcurrido al tiempo efectivo del aquí y ahora, El bizco conforma un mensaje de reflexión para nuestra sociedad alienada por falsas imposiciones culturales. En lugar de buscar nuestro sentido de la vida en la despiadada fantasía del pasado… ¿por qué no construirlo en nuestro presente?

Jesica Guarrina

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El legado de Caín en El Brio Teatro

Publicado por Artexto el Agosto 12th, 2010 a las 11:06 am.
Sección: Teatro

El legado de Caín

Estudio sobre el masoquismo: segunda parte.

 

El Brio teatro

Guatemala 5092, CABA.

Domingos 20 hs.

Guión y dirección: Claudio Quinteros.

Asistencia técnica y de dirección: Alejandra Endler y Agustina Soler.

 

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Una puerta misteriosa se abre. Evocación de un espacio otro y no visible para el espectador, nos encontramos estupefactos por delante de una sala de perfectos muros blancos. Con una sincronía impecable, somos felizmente embriagados por la fascinante combinación entre actrices de carne y hueso, inmóviles ellas en un principio, y animaciones desplegadas en estos muros- pantalla. Hulda Meister (Anabella Bacigalupo), Aurora Rumelin (Marcela Mella) y Fanny Von Pistor (Nayla Pose) habitan esas imágenes con sus cuerpos; dan vida a ese hotel perdido de la montaña, a esos trenes y ciudades proyectados durante la hora y cuarto de espectáculo. Ellas, vestidas de negro tal como si fueran figuras recortadas sobre el fondo; nos cuentan sus vivencias pasadas junto a Leopold Von Sacher- Masoch. Experiencias todas distintas, personales, subjetivas. Pero con un rasgo capital en común a los tres relatos: la obsesión de éste, y de ellas,  por las prácticas sadomasoquistas durante el momento privado del amor. Más que excitación carnal, autocondena a castigos físicos colocando al dolor como la fuente emanadora del placer buscado. Más que relaciones sexuales, juegos perversos asexuados. De este modo, vamos reconstruyendo la historia inspirada en la vida real de este literato austríaco del s. XIX. Nos convertimos en testigos del sufrimiento de Aurora, primera esposa del escritor, al ser obligadamente prostituida con un tercero. Nos compadecemos por Hulda, traductora y segunda esposa, ante su acceso al pedido enfermo de ser disfrazada con pieles y jugar a la azotadora de su hombre con látigo en mano. Nos asombramos de la valentía de Fanny, amante sobresaliente de Masoch, por dar iniciativa al plan de deshacerse de la necesidad del masoquismo. Este encuentro aparentemente casual entre las tres amantes de Masoch, encuentro que en verdad nunca existió, intenta poner fin a la voluntad de su sometedor. Sólo resta matarlo.

 Envueltos en una atmosfera con cierto aire tétrico, de luces bajas y focos puntuales, de música espeluznantemente tenue; estas mujeres interactúan con un maniquí, encarnación imaginaria del mismísimo Masoch, materialización abstracta del concepto de masoquismo. Dice Erich Fromm: “La descripción  de los impulsos sadomasoquistas (…) se refiere a las formas más extremas de debilidad (…) dirigidos a superarlas por medio de la relación simbiótica con el objeto de culto o de dominación”[1]. De este modo, las actrices nos sumergen en un universo oscuro; monstruoso desde todos sus ángulos y aristas; sin llegar a los extremos de Masoch,  poco asumido por la sociedad de hoy. Estas mujeres nos llevan y traen al son de las pulsiones psíquicas de amor- odio. Aman a  Masoch. Lo odian. Se desprecian entre ellas por hecharse las culpas unas a otras. A la vez, se necesitan. Un verdadero drama psicológico intenso a la altura de un texto atrapantemente complejo y perturbador acompañado de ligeras notas de un humor extraño… claro.

Por Jesica Guarrina




[1] FROMM, Erich; El miedo a la libertad; Buenos Aires; Paidós; 2009.

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